Hay libros que no se leen: se recorren como un concierto. Solos y de noche es uno de ellos.
La obra de Rocambole, el artista plástico y diseñador que dio forma visual al universo ricotero, funciona como un archivo emocional donde cada página vibra con la intensidad de aquellas misas laicas que fueron los recitales de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Entre afiches, entradas, ilustraciones y relatos, el libro reconstruye el pulso de una época donde el rock era más que música: era una forma de estar en el mundo.

El arte como memoria: Rocambole en su propio territorio
En Solos y de noche, Rocambole no solo recopila materiales, sino que propone una lectura estética y afectiva del fenómeno ricotero. Cada imagen, cada fragmento, es parte de una mitología popular que él mismo ayudó a construir. Su trazo, entre el surrealismo barrial y la gráfica de combate, captura algo que excede lo visual: el clima de una generación que encontró en Patricio Rey un espejo colectivo.
El libro incluye crónicas de destacados periodistas del rock nacional, como Claudio Kleiman, Daniel Amiano, Oscar Jalil, Pedro Irigoyen, Bruno Larocca y Maximiliano Fiorucci, así como un relato exclusivo de Sergio Poli. También contiene bocetos e ilustraciones inéditas de Rocambole, como el proceso de diseño y producción del packaging discográfico de Momo Sampler, Último bondi a Finisterre, Luzbelito y Lobo Suelto Cordero Atado, y de videos y audios digitalizados a los que se puede acceder mediante códigos QR.
Olavarría: el día que el ritual fue prohibido
Corría agosto de 1997. En plena gira Luzbelito, los Redondos tenían previsto tocar en Olavarría los días 16 y 17 de agosto. Todo estaba listo: afiches pegados, micros en marcha, la ciudad preparándose para recibir una marea humana.

Pero un decreto municipal —firmado por el entonces intendente Helios Eseverri— frenó todo. La justificación fue el temor a desbordes y cuestiones de seguridad. Lo cierto es que miles de jóvenes ya estaban en camino, y el rumor de la suspensión se propagó como un eco de frustración.
Rocambole incluye ese episodio dentro del relato de Solos y de noche, resignificándolo: lo que para la burocracia fue “una suspensión”, para la mitología ricotera se transformó en una herida simbólica, una de esas marcas que el arte convierte en mito.
Tandil, 4 de octubre de 1997: la misa que sí fue
Apenas dos meses después, el 4 de octubre de 1997, el Estadio José de San Martín de Tandil se transformó

Bajo la lluvia persistente y con el barro hasta los tobillos, miles de fans encendieron el fuego sagrado del rock redondo.
Lo que en Olavarría fue silencio, en Tandil fue canto.
En su posteo de Instagram, Rocambole escribió:
“Hace 28 años, las huestes ricoteras se preparaban para salir otra vez a las rutas… en autos, colectivos o haciendo dedo, con un solo destino: TANDIL, 4 de octubre de 1997.
Después de la censura en Olavarría, el Estadio Gral. San Martín se transformó en el nuevo templo. La lluvia, el barro, los muchachos de azul y los corazones latiendo al ritmo de ‘Nuestro amo juega al esclavo’ dieron inicio a una de las noches más recordadas de la historia ricotera.”
El cierre simbólico: los regresos a Olavarría
Con el tiempo, Olavarría volvió a ser testigo de la liturgia ricotera:
- 11 de marzo de 2017: El Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado se presentaron en el predio de La Colmena, marcando un regreso histórico.

9 de julio de 2022: Skay y Los Fakires llevaron su música a Club Estudiantes de Olavarría.

6 de abril de 2024: Walter Sidoti y Tarea Fina en el Teatro Municipal de Olavarría.

27 de julio de 2024: La Kermesse de los Decoradores, conformada por los exintegrantes de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, incluyendo a Sergio Dawi (saxo), «Semilla» Bucciarelli (bajo), Tito Fargo (guitarra) y Hernán Aramberri (batería) como miembros estables, llegó por primera vez a Olavarría en el Club Racing, cerrando simbólicamente el ciclo que empezó con aquella suspensión en 1997.

El ritual prohibido se transformó en un círculo que se completó con nuevas generaciones y los que siempre estuvieron.
“Solos y de noche”: cuando la gráfica se vuelve testimonio

El libro funciona como una bitácora estética y emocional.
Rocambole no entrega un relato lineal: propone un recorrido sensorial donde la textura del papel, las tipografías y las ilustraciones conviven con fragmentos de memoria.
Esta mezcla de arte gráfico, crónica periodística y archivo visual convierte Solos y de noche en una pieza de culto, un puente entre historia y mito.
Lo que nunca se apaga
Casi tres décadas después, Olavarría sigue recordando aquel episodio.
Algunos lo viven como herida, otros como orgullo.
Lo cierto es que aquel “recital que no fue” sigue siendo parte esta ciudad.
Y Solos y de noche llega para recordarnos que el arte —cuando nace del pueblo— no necesita escenarios: le basta con una historia que siga encendiendo el fuego, aunque sea, solos y de noche.
Fuentes: Info Blanco Sobre Negro, post de Instagram de Rocambole (4/10/2025), Solos y de noche (Editorial de la Universidad de La Plata).


